Belchite: "Fijaos en esto porque esto es la guerra"



Estas son las palabras que un capitán del ejercito español dirigió a sus subordinados la última vez que Belchite vió entre sus ruinas a un batallón de militares, concretamente en 1999 hace ahora diez años.

En Belchite no hay publicidad, ni atractivas campañas publicitarias para atraer al turista, ni centro de interpretación, ni guias, ni tienda de recuerdos, solo desolación, pero cada año mas de 12.000 personas visitan las ruinas del pueblo viejo para contemplar el paisaje plasmado tras aquella ofensiva.

El 24 de agosto de 1937, el Ejército Republicano inició el asedio a Belchite. Pero los nacionales del pueblo -en teoría sólo los nacionales- resistieron hasta el 6 de septiembre los embates de las brigadas Dombrowski, los batallones Lincoln, British, Washington, Six Février, Dimitrov..., la furia roja de las brigadas internacionales. El pueblo fue destruido y la población, que antes de la batalla rondaba los 5.000 habitantes, quedó reducida a menos de 2.000.

Acabada la guerra, se ordenó no reconstruir el pueblo viejo y mandó construir uno de nuevo a escasos metros del mismo, inagurado en 1954 i allí se quiso preservar y recordar la barbarie del bando opuesto para la memoria colectiva, y si que fue recordado, ya que en Belchite no murieron ni de un bando ni del otro, murieron personas, tanto de una España como de la otra.
Aún hoy, en el día de Difuntos, los hijos y los nietos de los muertos de aquella batalla acuden al pueblo viejo y depositan flores entre los escombros...... Algunas flores son rojas y otras son azules, y que más da!

A dia de hoy, la defensa del pueblo viejo de Belchite como memoria del horror de la guerra civil, ya no no es sólo cosa de un bando o del otro, una curiosidad Joan Manuel Serrat:
Su familia fue masacrada por los republicanos y parte de la familia de los Furicos, los Serrat por parte de madre, aún vive allí.
El abuelo y la abuela del cantautor, y un tío suyo de 17 años, fueron fusilados durante aquellos días de dolor.
Serrat escribió:
«Puede que a ti te guste o puede que no, pero el caso es que tenemos mucho en común.
Los dos tenemos el mismo miedo a morir, idéntica fragilidad.
Te guste o no».

Las ruinas de Belchite, a dia de hoy ya no son de un bando ni del otro, pero si que son motivo de reflexión, de recapacitación, de homenaje a una guerra entre hermanos que nunca tendría que haberse iniciado, al adentrarse entre sus calles nos muestran el aroma del horror, el alcanfor del odio y los efluvios de lo que nunca se debió comenzar, pero ahí estan para recordarnoslo siempre que esa idea caiga en el olvido colectivo.

En todas las familias tenemos un Belchite, un homenaje a TODOS ellos.